En este post aparece una carta de despedida de una de las alumnas en un curso sobre salud emocional. No se especifica ni el curso, ni el alumnado, ni el tiempo, ni el lugar porque sirve de estandarte para el trabajo grupal realizado con mujeres, donde además de los objetivos propios de la programación se consiguen muchos otros, quizás hasta más importantes: el comadreo, los cuidados, la fuerza de la tribu.

Hoy es el último día del curso y quiero dar las gracias a todas. Me apunté a esta actividad sin ninguna motivación y cual fue mi sorpresa cuando llegué al grupo: me recibísteis con una sonrisa tan agradable que no me sentí la nueva, sino una más que había llegado un poco tarde. Gracias a ese recibimiento empecé a sentirme tan a gusto que me hizo ver que era lo que mi mente necesitaba: estar con personas que aportan, que cuidan y con las que poder aprender cosas en cada momento.

No me gusta hablar de mis problemas porque creo que todas las personas los tenemos, pero en el grupo vi tratar todas las dificultades a las que nos tenemos que enfrentar con tanto respeto y cariño, que me sentí en un lugar seguro. Además, precisamente por eso me quiero dirigir a una de mis compañeras en particular. A tí, María: eres una mujer tan especial… no hace falta saber ni leer ni escribir para ser una mujer inteligente, y tú lo eres, ¡y mucho! Por eso, con tu fuerza y orgullo sigue adelante y sé feliz.

Creo que el orgullo de la profesora es que sus alumnas aprendan, y te doy las gracias a tí, nuestra guía, porque mira todo lo que has conseguido sacar y enseñar a esta alumna. Y a todas las demás, hoy os entrego mi buena amistad.

G.

Despedida
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